En nuestro artículo anterior indicamos la pertinencia de enfocar al concepto de ciudadanía desde el punto de vista de la Cibernética, para resaltar el carácter de sistema complejo que en el orden Macro le corresponde al concepto de ciudad.
Los signos de complejidad que en nuestro universo se reflejan constantemente son entre otros: la escalaridad, la fractalidad, la autoreferencia, la autosemejanza, la autoorganizacion, etc.. De ellos uno siempre puede esperar reflejos en el momento culminante de una investigación sobre temas complejos, porque esa es precisamente su condición, la de ser el principio y el fin de un sistema complejo. Si entendiéramos a la ciudad, como un sistema complejo (y bien complejo que es) esta terminará siempre por reflejar los patrones de la complejidad que le es característica, y que en sus principios de autosemejansa y escalaridad encontraríamos la clave para interpretarla, pues ellas deben reflejar a sus promotores humanos. Pero mas allá, cuando observamos el efecto de sinergia que las grandes aglomeraciones humanas producen en términos de desarrollo y crecimiento que (con algunas infortunadas interrupciones), podemos ver como altamente positivas para la humanidad, comprenderemos además que se trata de un sistema emergente, es decir, aquel que da muestras de una inteligencia superior a la de los individuos que la componen (así como lo hacen las hormigas con sus hormigueros, o nuestras neuronas y el cerebro produciendo un pensamiento), y que es capaz de sobrevivir a la emergencia gracias a la retroalimentación de la información y a la adaptabilidad ante nuevos retos. El tener conciencia de las consecuencias es lo que nos permite corregir el rumbo y evitar los baches en que las falsas promesas y los manipuladores de oficio nos hacen caer en este lento y difícil camino hacia la realización del ideal de un estado social y de derecho que nuestra constitución promete, y que no llega a pesar de todos nuestros esfuerzos DIARIOS. Nuestro sistema nervioso tiene su macro reflejo como sistema de información en los medios de comunicación social, que hacen la vez de memoria y conciencia colectiva de nuestras acciones. De ello se desprende que lógicamente para que funcionemos bien como un organismo cuerdo, ese sistema, debe poder hacerlo libremente, sin presiones que amordacen o dirijan su trabajo. En la próxima entrega: El reflejo del organismo humano en la organización de la ciudad. |